Publico un artículo de nuestro compañero Jaime para el número cero del diario del MCRC. Gracias a todos por vuestra colaboración:

Nuestro acceso a los asuntos públicos, al ámbito de la política, casi nunca es de primera mano. Son la Prensa, la Televisión y la Radio las fuentes a las que acudir para cumplir con la necesidad -y casi con el deber, a pesar de ser un derecho- de informarse que se supone a todo buen ciudadano. Los medios de comunicación cumplen así con la misión que el sistema les encomienda: informar, despejar incertidumbre, con el rigor, la objetividad y la honestidad que nadie osa discutirles, pues no en vano el periodista es tenido por “notario de la realidad”: es él quien nos ofrece la verdad de los acontecimientos; el editorialista o el columnista, además, las claves para interpretarlos adecuadamente. Es el locus amenus, la máxima expresión de la armonía. Pero al cotejar este esquema teórico con nuestra experiencia cotidiana cabe preguntarse si esto es exactamente así.

La respuesta es no. Hay matices que conviene desvelar porque no siempre se ofrece la información con la pureza que se cree, sino que, mediante sutiles usos del lenguaje y determinados resortes retóricos, el periodista desliza y comunica significados que contribuyen a construir una versión del acontecimiento que lo aleja de su verdadera esencia. Tenemos la oportunidad de comprobarlo a diario en cualquier periódico, sea de tirada nacional o regional.

En Asturias, después de las últimas elecciones autonómicas del pasado 27 de mayo, debido a que el PSOE, partido más votado, no logró la mayoría absoluta, se repitió la posibilidad de un pacto entre este grupo político e IU, tercer clasificado detrás de PSOE y PP, muy alejado de estos en número de votos. En junio, durante casi tres semanas, los jefes políticos de PSOE e IU se reunieron en la sede de los primeros en Oviedo para intentar llegar a un acuerdo que garantizase la estabilidad del gobierno regional en los próximos cuatro años. Sorprendentemente, algo no salió como todo el mundo esperaba y las negociaciones se rompieron: el PSOE gobernará en minoría y los comunistas –a los que por alguna oscura razón les cuesta llamarse por su nombre y utilizan el de Izquierda Unida- pasarán cuatro años en la oposición sin participar en el gobierno, a diferencia de lo sucedido en la última legislatura. La prensa asturiana estuvo ágil y no tardó en cumplir con su deber. En el diario La Nueva España, el de mayor difusión en la provincia, se publicó el domingo 8 de julio una entrevista al Coordinador regional de IU en Asturias. En una de las preguntas, después de que el político comunista insistiese en que no podía haber pacto a causa de la actitud del PSOE, el periodista le plantea lo siguiente: “Pero ¿no sería más constructivo que entrasen en el Gobierno, aunque fuese con menos poder del deseado, que hacer una labor de zapa desde la oposición?”

Dejando de lado el hecho, muy elocuente por otra parte, de que para el periodista estar en la oposición es tanto como hacer “labor de zapa”, esto es, “el trabajo que se hace oculta y solapadamente para conseguir algún fin” (DRAE) –casi tanto como intrigar-, hemos de tener en cuenta que, en español, no siempre el modo oracional interrogativo se identifica con el contenido semántico del verbo preguntar. En la oración interrogativa negativa enunciada por el entrevistador, el contenido proposicional encierra una afirmación: “sería más constructivo que entrasen en el Gobierno”. La respuesta a este tipo de interrogativas totales con negación es siempre afirmativa, de hecho el entrevistado no niega y responde: “Esa es la reflexión que tenía que haber hecho el PSOE, que afronta cuatro años sin garantía parlamentaria”. Aquí tenemos toda la verdad del sistema político español en dos enunciados: en primer lugar, bajo la apariencia formal de una pregunta, un periodista desliza una aseveración: el acuerdo para gobernar entre el partido más votado y el tercero en número de votos no sólo es constructivo, sino, incluso, más constructivo que no llegar a un pacto y que el hecho de que un grupo político que no es mayoritario sea oposición; y en segundo lugar, un jefe político no niega esta afirmación encubierta, sino que además asegura que el acuerdo, el pacto, el consenso es la garantía parlamentaria para el Gobierno. Garantía parlamentaria, no lo olvidemos, negociada fuera del Parlamento.

Jaime Gonzalo Cordero

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