O lo uno o lo otro» (1843) es la primera obra publicada por Soren Kierkegaard, en la que pone de manifiesto la disyuntiva existencial indicada en el título de la obra: la oposición entre lo estético y lo ético

La retirada de la revista “El Jueves” y el cierre de su página Web, no es una cuestión baladí . Estamos ante un asunto de importancia capital, dado que a raíz de que saltara a la opinión pública este asunto, se nota a los políticos cariacontecidos y nerviosos, tratando de aplicar paños calientes a un problema que saben muy bien que puede escapárseles de la mano. Se oyen por doquier frases como: “debe garantizarse la libertad de expresión“ (Zaplana) ,“me callo mi opinión sobre la actuación del Juez y del Fiscal” (Pepiño Blanco); “el secuestro de publicaciones es algo del pasado” (Fernández de la Vega); “debe eliminarse del Código Penal el delito de injurias a la Corona”(Llamazares).

La Corona representa el principal aval del Estado de Partidos. La profesión política mantenida al socaire de la Monarquía si algo tiene claro es que la pervivencia de la Corona supone la propia supervivencia de este estado de cosas y que esta situación se mantendrá inalterable mientras la sociedad española no empiece a cuestionarse la Monarquía.

Estamos comprobando en cada comparencia política como a los vividores de la política les resulta muy difícil hacer entender a los españoles que la Monarquía debe estar por encima de la libertad de expresión, puesto que este derecho ha sido junto el derecho de voto los buques insignia de la gran mentira en la que se basa todo el Estado de Partidos. O lo uno o lo otro. No se puede estar diciendo continuamente que existe libertad de expresión y luego cuando está en juego una institución capital del sistema de partidos como la Monarquía; derogar en ese caso concreto esa libertad. La libertad de expresión, como todas las libertades es un concepto absoluto, o se tiene o no se tiene. Se dirá que esta libertad de expresión no es absoluta porque debe tener unos límites en cuanto a la intimidad, el honor, etc. Estaría de acuerdo con este aserto para el caso de ciudadanos anónimos, pero no para el caso de personajes públicos que viven además de lo público y con lo público y en la que los personajes de la Monarquía ocupan un lugar de primera plana.

Así que la oposición entre lo estético (proteger a la Corona ante una viñeta de mal gusto) y lo ético (la protección del derecho a la libre expresión), en la que el Juez del Olmo rápidamente se ha decantado por lo primero, ha puesto a la clase política en una situación comprometida. Lo más curioso de este caso es que los españoles no están cuestionando en estos momentos la Monarquía, (foros en internet, artículos de prensa, comentarios en la calle) sino a aquellos que hacen posible que esta se mantenga.

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