Generalmente, las acciones contra el poder establecido en el Estado fracasan. Unas, por radicalismo idealista, no interpretan los intereses materiales de la parte más consciente y dinámica de la sociedad. Otras, por ambición personal, no se identifican con las ambiciones sociales de los sectores convocados. La mayoría, por falta de análisis de la situación, confunden el interés de clase o de categoría profesional con los de la sociedad global. Las juveniles, por falta de intuición del momento, frustran la exigencia histórica de circulación de las élites. Las separatistas, por falta de justificación histórica, se agotan en la violencia. Y las de la acción por la acción, por falta de teoría, no imaginan más que golpes de Estado.

El incipiente MCRC reúne todas las condiciones para que su acción cultural y política trascienda al Estado. No es una aventura porque está inspirado en la teoría democrática de la República Constitucional. Sus dos únicos objetivos, asegurar la unidad de España y transformar la partitocracia en democracia, son compartidos por la inmensa mayoría de los españoles. Esta finalidad define sus dos adversarios: partidos estatales e independentistas. El escollo de la libertad política está, como siempre, en los medios de comunicación hacedores de opinión pública desde arriba. El obstáculo al cambio está, como siempre, en los grandes grupos financieros.

Esta visión realista de la situación política, de la coyuntura histórica y del contexto europeo donde nace el MCRC, determina la estrategia y la táctica de su acción colectiva, para transformar la oligarquía del Estado de Partidos en la democracia de una República de Ciudadanos. La estrategia es más fácil de definir que de ejecutar a través de las numerosas operaciones tácticas que requiere. En este terreno no caben los dogmatismos ni el providencialismo de un líder, como ha sido tradicional en las acciones de partido. Las iniciativas han de brotar de los manantiales civiles de la opinión desde abajo y de las fuentes ciudadanas de la libertad.

Todas las iniciativas han de respetar, sin embargo, los objetivos parciales que dicte en cada momento la inteligencia de las acciones tácticas. No hay que preocuparse, por ahora, de los adversarios, de los escollos y de los obstáculos. Las energías de la libertad deben concentrarse en la conquista de la hegemonía cultural en esta “sociedad cibernética”, único medio de comunicación que no está controlado por los poderes establecidos, y donde puede competirse en condiciones de igualdad. Cuando se logre, el MCRC habrá alcanzado entidad y madurez para abordar la conquista de la hegemonía cultural y política en la sociedad civil española.

Anuncios