Me apresuro a escribir estas líneas para salir al paso del primer error de léxico cometido por los promotores del movimiento ciudadano por la República Constitucional. La buena fe del error, debido a la manía de aplicar el adjetivo democrático a sustantivos que no guardan relación con la democracia, no lo disculpa el alma pura de los errantes. Llamar la atención sobre cualquier novedosa mercancía que aparece en el mercado adosándole el calificativo “democrático”, pertenece a un género publicitario que la democracia política debe prohibirse. Este movimiento ciudadano no será mercadería política para el consumo de masas pasivas, sino el precipitante que necesita el tercio laocrático de la sociedad para cristalizarse como bloque constituyente de la democracia formal.

Crear la esperanza en un Estado Democrático es una demagogia que solo puede permitirse la utopía del comunismo primitivo. Esa expresión solo sería adecuada a una organización piramidal del poder estatal, donde la democracia material haya eliminado toda posibilidad de democracia formal, donde la igualdad social haya prevalecido sobre la libertad política, donde la propiedad pública haya reducido la propiedad privada a los objetos de consumo. Por su propia naturaleza, el Estado no es susceptible de ser democratizado, ni sus funcionarios, de ser votados.

Las organizaciones jerárquicas, como el Estado y el ejército, están regidas por un principio absoluto de mando y obediencia, donde nada se discute ni se vota. Las órdenes descienden en cascada sobre funcionarios y soldados como si las decretara Júpiter desde el cielo. Si una ley de hierro impide que los partidos de masas sean democráticos, una capa de titanio cierra los espacios administrativos del Estado al paso del aire de la libertad. Los medios informativos del Estado de Partidos, cuyo régimen de poder no es una democracia formal, llaman democrático al Estado Monárquico. La República Constitucional no usará esta demagogia.

Este movimiento ciudadano debe decir con orgullo que el Estado de la República Constitucional no será democrático, sino decente, justo, austero y eficaz. La democracia regirá, en cambio, en todo lo que pertenece al sistema y al régimen del poder político. La democracia, situada en la sociedad política, legitima y organiza los poderes del Estado, pero no entra en su esfera administrativa. Este error de léxico, natural en un movimiento espontáneo que comienza a dar sus primeros pasos, permite mostrar que, a diferencia de los partidos, es capaz de corregirse a sí mismo en público.

Antonio García-Trevijano.

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